6.10.08

GUADALEST

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Casa de Oscar Esplá (Benimantell-Font del Molí)

Hoy he vuelto al lugar donde pasé algunos de mis primeros veranos infantiles, Benimantell, un pequeño pueblo de montaña en la ladera norte de la Sierra de Aitana. En ese oasis de sombra en pleno secano hay una fuente, la del Molino, apenas un caño incrustado en la roca, como el pene minúsculo de un Dios montañoso. En derredor suyo la tierra descansa en terrazas labradas por escultores de azadón y sombrero de paja y, entre ellas, se levanta la casa del Molino, primero molino, después casa de huéspedes y ahora propiedad privada de algún afortunado que ha forrado con piedra sus muros de cal.

Pepe y Carmen eran los molineros, los artífices de las luces y las sombras bajo los almendros, los administradores del curso de las acequias que cantaban, que descendían guiñándote el ojo desde la balsa, bajo el nogal, hasta los bancales; eran los guardianes de las parras difuminadas, de las avispas, los druidas del arroz con conejo. Eran los patrones y el servicio y, sobre todo, eran la familia.

Más allá del molino y la balsa, más encaramada en la espalda de Aitana, se alzaba una bonita casa sobre la que se alzaba una bonita torre rematada de teja. Era la casa de Oscar Esplá, el celebre músico alicantino, que escuchó la música de aquellas acequias. En mis años de infancia aquella casa era como la del hombre sabio que sale en los cuentos; nunca vi a Esplá, pero la reverencia con la que mi melómano padre hablaba de él y el encanto del lugar eran suficientes para convertirle, en mi imaginación, en una especie de mago que desde su torre luminosa trazaba sobre los pinos los destinos de los hombres.

Cerca de Benimantell y del Molino está Castell de Guadalest, un pintoresco pueblo agarrado a unas peñas, en el borde de la falda de Aitana y asomado sobre el valle del Guadalest, afluente del Algar, de tan frescas pozas, embalsado allí para recoger la luz del cielo. Ese valle que allí comienza, entre los millares de metros de las cumbres de Aitana, Aixortà y La Serrella, se abre hacia el mar por el este, hacia una comarca que huele a níspero y desciende accidentadamente hacia su capital, la Villajoyosa marinera y chocolatera, y hacia su capital del turismo, Benidorm.

A Castell, que mira al norte, a la sierra Aixortà, se entra por el sur atravesando un arco tallado en la roca, adornado de cal y coqueto. El tráfico rodado no osa colarse por la cuesta empedrada con casas a los lados que forma el pueblo y, en este pueblo de apenas doscientos habitantes, la única algarabía es la de las decenas de turistas que hablan otras lenguas mientras discuten si tal o cual souvenir sería el indicado para la tía Clementine. Coronan ese sosegado bullicio lo que queda del castillo, el infinitamente retratado campanario blanco que surge de la roca, lo que dejaron los fundadores árabes y lo que dejaron los cristianos, y el cementerio, de privilegiado recogimiento (pese a las hordas turistas) y fabulosas vistas.

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La Sierra Aixortà vista desde Castell de Guadalest

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Castell de Guadalest
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5 comentarios:

Mita dijo...

Ismo, bonjour! Ya está bien de tu resfriado? Es muy bonito ese sitio.

ismo dijo...

Bonjour, Mademoiselle. Estoy bastante mejor, gracias. Guadalest es una preciosidad... y tiene el mejor puesto de venta de miel en muchos kilómetros a la redonda, así que me traje 2 kilos de miel de eucalipto para seguir tratándome los restos del trancazo ;)... y un tarrito de brezo, y otro de encina, y de romero...

Estoy desvelando uno de mis grandes placeres (¿O vicios?): la miel.

Mita dijo...

2 kilos?????dulzón, eres un dulzón!
Por cierto, la Universidad de Alicante tiene algunas cosas en la red que siempre me han sido útiles para preparar algunas clases.
En qué consiste exactamente lo de la exposición?

ismo dijo...

La UA ha puesto el recinto y las tarjetas pero la expo la organiza el Colegio de Abogados, dentro de los saraos a que da lugar una "Caravana de Derechos Humanos" organizada a su vez por el Consejo Nacional de la Abogacía y que va rotando por España. No me pusieron muchas condiciones... en realidad no me pusieron ninguna más que los dibujos tratasen temas relativos a derechos humanos. Teniendo en cuenta que tampoco cobro, no está nada mal. Tengo un espacio para exponer cerca de mi gente y tarjetas conmemorativas, así que estoy muy contento. Uno de los dibujos está titulado por ti, recuerda (aunque todavía no he hecho las cartelas, que van a mi cargo).
La UA está muy bien; yo he usado bastante su biblioteca porque en la mía, Miguel Hernández, la biblioteca está bajo mínimos.
Lo del cartel en valenciano es cosa de su valencianismo galopante, no cosa mía, aunque no me importa.
La expo en sí será un intercambio de sonrisas al abrigo de unas cervezas. Quizá me toque discursito, no sé... En la primera que hice me plantaron junto a la Reina de Las Fiestas y hasta me salió un cumplido homenaje a su lozanía, producto sin duda del estado cuasi-beodo en que te sumerge la excitación de exponer tus dibus. En esta veré qué público tengo e improvisaré como un buen aficionado al blues.

XuanRata dijo...

Ya me gustaría visitar esos lugares de tu infancia, esa especie de pais de Oz, con su mago y su torre y todo lo demás. Indícame si hay alguna autopista que lleve hasta allí (a tu infancia, naturalmente).