7.8.08

TRADICIÓN

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"Pero hay algo que, de mi juventud acá, nunca he sido capaz de entender, y es de dónde habrá sacado la gente que la democracia se opone a la tradición en modo alguno. A mí más bien me parece obvio que la tradición no es sino la democracia proyectada en el tiempo. Como que ésta consiste en fiarse más del consenso de opiniones comunes a los hombres, que no del sentimiento aislado y arbitrario. El que, por ejemplo, alega la autoridad de determinado historiador alemán contra las tradiciones de la iglesia católica, apela, en el sentido más estricto de la palabra, a la aristocracia; apela a la superioridad del individuo experto contra la terrible autoridad de las muchedumbres. Y nada más fácil que explicarse por qué una leyenda recibe –y lo merece- tratamiento más respetuoso que cualquier historia: la leyenda suelen crearla las mayorías de las poblaciones y aldeas, que son siempre gente saludable; al paso que los libros de historia los escribe el único enfermo que hay en la aldea. Quienes alegan en contra de la tradición el argumento de la ignorancia de los hombres de ayer, debieran comenzar por ir al Carlton Club a alegar la ignorancia de los votantes de los garitos. Que no nos vengan a nosotros con eso. Si damos la mayor importancia a la opinión de los hombres ordinarios, siempre que se trata de los asuntos cotidianos, sólo porque dichos hombres forman una gran unanimidad, no veo por qué hemos de desdeñar esa misma opinión cuando de la historia o de la fábula se trata. La tradición pudiera definirse como una extensión del privilegio. Aceptar la tradición tanto es como conceder derecho de voto a la más oscura de las clases sociales: la de nuestros antepasados; no es más que la democracia de la muerte. La tradición se rehúsa a someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que, sólo por casualidad, andan todavía por la tierra. Todos los demócratas niegan que el hombre quede excluido de semejantes derechos por el accidente de la muerte. Nos enseña la democracia a no desdeñar la opinión de un hombre honrado, así sea nuestro caballerizo; y la democracia también debe exigirnos que no desdeñemos la opinión de un hombre honrado, cuando ese hombre sea nuestro padre. Me es de todo punto imposible separar estas dos ideas: democracia, tradición. Me parece que son una sola y misma idea. Conviene que asista la muerte a nuestros consejos. Los antiguos griegos votaban con piedras, y aquí se votará con piedras tumbales; lo cual es enteramente regular y oficial, puesto que la mayor parte de ellas estarán marcadas con una cruz, igual que las papeletas del voto.

Comienzo, pues, por declarar que, si alguna tendencia dominante ha habido en mi vida, ha sido la de la democracia y, en consecuencia, la de la tradición. Antes de llegar a ninguna proposición teórica o lógica, me complazco en formular esta ecuación personal. Siempre me sentí más inclinado a dar crédito a la gente ruda y obrera que no a la molesta y singular clase literaria a que pertenezco. Prefiero los caprichos y prejuicios de la gente que mira la vida desde adentro, a las más lúcidas demostraciones de los que miran la vida desde afuera".

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G. K. Chesterton, Ortodoxia

8 comentarios:

Mita dijo...

Todo el mundo, todos, miran la vida desde dentro. Y todas las opiniones son válidas, y todo es tradición desde el momento en que algo se establece, se convierte en tradición.
Este Chesterton es el del padre Brown?
Besos

ismo dijo...

Sí, el mismo.

malatesta dijo...

No me ha quedado claro si hablaba en tono irónico o no. Debo estar espesito esta mañana.

ismo dijo...

Nada de irónico, realmente se está confesando.

Lansky dijo...

Chesterton era un conservador muy inteligente; esto es, un señor de derechas, católico y reaccionario en el sentido no peyorativo, que les daba y aún les da sopas con hondas a tanto progre superficial. Pero Chesterton era sobre todo algo que en españa ha sido una rareza extrema: un miembro de la derecha civilizada.

¡Ah, esos ingleses, cómo los envidio a veces!

ismo dijo...

Me alegra que tengas tan buen concepto de él. Hay que decir que su conversión al catolicismo fue tardía, cuando ya tenía casi 50 años y hacía casi 15 que había publicado "Ortodoxia", un libro cargado de sentido común y profundamente optimista más allá de cualquier orientación política.

Yo le conocí más tarde de lo que me hubiese gustado (salvo sus cuentos del Padre Brown). Recuerdo que el día que compré mi primer ejemplar de "Ortodoxia" (que ya había leído en préstamo poco antes) encontré en la tienda a un antiguo profesor de literatura, comunista militante. Miró mi compra, supo que ya conocía el libro y me pidió que le hiciese un comentario (en el pupitre otra vez, varios años después); le dije lo mismo que aquí, que me parecía un libro cargado de optimismo y sentido común, y mi viejo profe estuvo de acuerdo... Lo que demuestra que incluso alguien de izquierdas puede sobrevivir y mostrar sentido común por encima de la propaganda.

Respecto a los ingleses, no creo que puedas envidiarles más que yo, aunque yo lo llamaría admiración.

Lansky dijo...

Chesterton era un provocador, en el mejor de los sentidos, y no digo que su conversión tardía al catolicismo (como Graham Green y algún otro) fuera motivada por dicho afán , pero desde luego y en Inglaterra no deja de ser un gesto.

ismo dijo...

Armó un buen revuelo según creo.